Se inicia el club de lectura de Espinardo con un libro que es difícil que te deje indiferente. Un libro de ficción basado en hechos reales: los atentados de Casablanca de 2003.
Yashin nos habla de su infancia en Sidi Moumen un barrio de chabolas junto a un vertedero en las afueras de Casablanca. Un protagonista peculiar, alguien que ya sabemos desde el principio que está muerto, alguien que nos cuenta como llegó a morir tan joven.
Por lo demás, no me quedé mucho tiempo en la vida, porque en la vida no había gran cosa que hacer.
El fútbol como escapatoria a un presente difícil, como unión entre amigos, como escapatoria diaria a un futuro que no existe. Un futuro que quizás se está formando, un futuro muy endeble todavía. La confianza en un hermano mayor, ese hermano mayor que se responsabiliza de los problemas, que trae la alegría a casa, que llega a ser un ídolo al que seguir.
Ahora que estoy aquí arriba, desenroscando mi pasado como un ovillo lleno de nudos, me digo que seguramente Yenmma había intuido el desenlace fatal de nuestra aventura. Sin embargo, no estaba al tanto del atolladero en el que nos habíamos metido. Se trataba quizá de ese sexto sentido del que hablaba Mi-Lala
Y llega la disciplina, la disciplina que da un sentido, un sentido que hasta ahora no existía, llega un objetivo. Llega ese posible futuro a unos niños que viven al día, un paraíso que llegará cuando acabe la vida.
Y sigo esperando a los ángeles.
Una novela que nos narra lo fácil que puede llegar a ser convertirse en un mártir por una causa en la que no llegabas a creer. Que nos llama la atención sobre lo importante que es mejorar las condiciones de vida de tantos.
A veces me digo que la incapacidad de intervenir para cambiar las cosas es quizá el infierno propiamente dicho.
