Sigo con la serie del comisario Montalbano. El título de la novela nos lleva a una de las situaciones que sirven para esclarecer el crimen, también a una que sirve de mofa en los periódicos, un título sugerente.
Una vez que has visto alguno de los capítulos de la serie de televisión es difícil no visualizar a los actores como los personajes en tu imaginación, que decir de ese lugar inventado por el autor: Vigàta, así que allí me he trasladado este verano. A un comisario Montalbano que es difícil de localizar, respondón, impertinente, poco detallista…, quizás más “amigable” el de la televisión, también aquí la comparación surge mientras lees sus páginas, un comisario que tiene que lidiar con un cadáver en un ascensor, que poco a poco va descubriendo la curiosa vida de esta persona, comerciante autónomo, con un despacho que había cerrado por jubilación, que seguía visitando periódicamente, que tenía una chica de la limpieza que venía días fijos, que no solo era una chica de la limpieza, una chica tunecina que desaparece. La novela va desentrañando poco a poco los detalles de una vida complicada sin apoyo familiar a pesar de convivir con su mujer y tener un hijo bien situado, con señales de alarma que de poco sirvieron. Tramas que pueden parecer inverosímiles por lo complicado, pero que sirven para eludir a la legislación, situaciones que no son lo que parecen llevan a tomar decisiones equivocadas. Un comisario que tiene que lidiar con la muerte en alta mar de un desconocido por una patrullera tunecina, un caso que elude al negarse a contestar a la llamada de teléfono de Catarella, a desconectar incluso el teléfono, pero que finalmente tiene que tener en cuenta para resolver su propio caso.
No puedo dejar de lado que Montalbano es otro comisario que disfruta con la comida, mucho. Sabe bien donde ir a comer y sabe que no se equivoca. Lugares con buena comida, lejos de ambientes sofisticados.
Y de fondo también relaciones personales, con su propio padre con el que apenas tiene relación, con Livia, donde se pone de manifiesto especialmente el carácter del protagonista. La irrupción de un niño, el hijo de la chica tunecina, que cambia totalmente la relación de pareja, que quizás cambia también a Salvo Montalbano, que, sobre todo, emociona a Lavia.
La tercera entrega de esta serie con protagonista que homenajea a Manuel Vázquez Montalbán y su más famoso detective Pepe Carvalho.
De Andrea Camilleri en este blog:






