domingo, 3 de mayo de 2026

Notre Dame de la alegría – Ana Rodríguez Fischer

Una lectura que llega tras la visita a una exposición del Reina Sofía, una lectura que llega tras un fin de semana intensivo gracias a Entelequia cultura sobre las mujeres que formaron parte de aquel Lyceum Club Femenino que inicia su andadura en 1926. Maruja Mallo es la protagonista de esta novela que nos muestra la vida de una artista.

Mis manos no obedecen. Caen desplomadas junto a mi cuerpo, rígidas y mudas. Fueron alas que en giros de vértigo sobrevolaban el papel, los lienzos y la piedra apresándolo todo hasta convertirlo en arte. Fueron pájaro y arte. Luz y alegría. ¡Crearon belleza!

En las primeras páginas nos encontramos a una Maruja Mallo en los últimos días de su vida, sus manos no obedecen, pero su memoria viaja, viaja por esa vida que formó parte de aquel grupo de mujeres que formaron el Lyceum club femenino en 1926, esa vida que formó parte de aquella generación de jóvenes artistas que la Guerra Civil “atropelló”. De una generación de artistas que tuvo que exiliarse, de una generación que durante tantos años no pudo volver a esa España en blanco y negro.

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la Residencia de Estudiantes, ayudan a Ana María Gómez González a convertirse en Maruja Mallo. Sus páginas nos llevan por los recuerdos de esta mujer que compartió con Concha Méndez, Margarita Manso, García Lorca, Alberti, Dalí, María Zambrano y tantos otros, aquellos años 20, aquellos primeros años 30, aquel exilio en ese siglo XX donde el surrealismo aparece, artista de la generación del 27. Vemos como sus verbenas llenas de colorido y magia dejan lugar a esqueletos y desolación, como reflejan una realidad social más tarde, como sus cabezas y máscaras desafían la realidad. Una novela que muestra la biografía de esta artista, la biografía de tantos protagonistas de un siglo XX que cambia la forma de ver el mundo.

domingo, 19 de abril de 2026

La vida privada de los árboles – Alejandro Zambra

Un libro cómodo, acogedor, un libro leído en una litera, un libro que, sin embargo, no me deja poso. Un libro que leí hace unas semanas y que me cuesta recordar. Una noche en la vida de Julián, una noche en la que Verónica, su mujer está a punto de llegar, una noche en la que ella se demora, una noche en la que Julián, nos cuenta las rutinas para que Daniela, la hija de 8 años de ella, se vaya a dormir, sus lecturas sobre la vida de los árboles, una noche en la que Julián escribe un libro, Julián que es profesor de Literatura, menos los domingos, los domingos, Julián se convierte en escritor. Un libro que continuará hasta que llegue Verónica, esa demora que tendrá una razón intrascendente, una noche en la que nos cuenta como Julián conoció a Verónica y a Daniela, como Verónica horneaba tartas, como los tres viven ahora en el apartamento donde las conoció, como él escribe, como Daniela crecerá, como tendrá 20, 30 años, como Verónica puede que no regrese esta noche, como Julián le contará a Daniela que su madre no ha regresado de su clase de pintura. Una noche de verano donde todo es posible, una noche en la que Julián espera, Daniela espera, los lectores esperamos, una noche donde la vida quizás cambie, donde la vida quizás continue de forma infinita. Una noche en la que Julián, mientras espera a Verónica, piensa sobre su relación, sobre la vida antes de estar juntos, sobre la vida sin ella, sobre la vida juntos, sobre la juventud que se alarga, sobre las diferencias con Fernando, el padre de Daniela, también nos muestra sobre el Chile donde se desarrolla la novela, sobre la vida allí, sobre los años tras la dictadura, sobre ésta en la memoria.

Soy el hijo de una familia sin muertos

Esta novela que continuará hasta que llegue Verónica y entonces acabará.

lunes, 6 de abril de 2026

La mala costumbre – Alana S. Portero

 

Los 80 y los 90 en el barrio de San Blas de Madrid, la vida ya no era fácil, pero si además eres diferente… Alana S. Portero relata de forma extraordinaria la adolescencia en aquella época, la familia, la vida de barrio, como los vecinos forman parte de esa familia. De forma tranquila, con delicadeza, pero sin endulzar ninguna situación, Alana cuenta su vida, la suya y la de tantos, narra esos años de la primera juventud en la que se forma la identidad de cada uno, cuenta con delicadeza la relación con su familia, el apoyo sin palabras de una familia trabajadora a ese hijo que busca su lugar, el apoyo de ese hermano, uno de los pocos hombres buenos que conoce.

Una parte fundamental de la estrategia de construcción de mi armario consistía en aparentar desgana ante cosas que estaba loca por hacer pero que, de hacerlas con entusiasmo, desvelarían una naturaleza no especialmente masculina.

Una historia que muestra la crudeza de esos años 80 y 90, esos donde no todo era “La movida”, donde la propia movida tenía una cara B. Una historia que va mostrando como se construye ese armario del que luego hay que salir, como encuentra a aquellos que le ayudarán con sus dudas, tantas y tan difíciles de gestionar, a aquellos que la acompañarán en este viaje, como encuentra a aquellos que la forzarán a construir un muro que evite que pueda interaccionar con ese mundo, con el que no le era hostil, para que el hostil no dé problemas. Una historia contada tras la vuelta a casa, tras la vuelta al barrio, tras nuevos puntos de vista de lo ya conocido, desde la madurez de tantas pruebas superadas, desde donde siguen siendo necesarias herramientas, muchas, desde donde siempre será más difícil, desde una vida donde es posible la convivencia.

En esas oportunidades mi padre se levantaba del sofá y se acercaba a la cocina a vigilar el guiso, abría la nevera, se preparaba un montadito pequeño de cualquier cosa que hubiese, volvía al salón, le daba un bocado e inmediatamente me lo cedía a mí. Era su forma de decirme que no tenía la más remota idea de cómo hablar conmigo, que no me había entendido nunca pero que estaba dispuesto a sacarse la comida de la boca para alimentarme. Que me quería hasta la inanición si fuese necesario.

domingo, 8 de marzo de 2026

Elogio de las manos – Jesús Carrasco


Leí Intemperie, fantástico, y, sin embargo, no he podido leer nada de Jesús Carrasco después, seguía con el estómago encogido y me veía incapaz de adentrarme en las novelas que vinieron después, especialmente, en La tierra que pisamos. Y sigo sin leer nada de él, ha sido el propio Jesús Carrasco el que ha leído para mí su Elogio de las manos, fantástico, mi primera experiencia con un audiolibro. Una casa abandonada, próxima a ser derruida para la construcción de una urbanización es la protagonista de esta obra, protagonista y excusa para hablar de las manos, de las manos que hacen, que escriben, que arreglan, que ordenan, que cuidan, las manos y el poder de lo cotidiano, el valor de la supervivencia, el valor de reciclar, el valor del reciclaje cuando no se conocía esa palabra, cuando no era una elección, el valor del conocimiento trasmitido de padre a hijo, el valor de los objetos que va más allá de la función que tienen, el valor de la familia, de la amistad, de la vecindad, el valor del conocimiento ancestral. Una casa y los veranos pasados allí, una casa que hay que reparar, que hay que adaptar, una casa que desaparecerá en breve, una casa que permite al autor rescatar una infancia, la suya y, también, construir la de sus hijas, una casa que permite compartir, compartir buenos momentos, compartir habilidades, crear lazos, una casa que permite compartir espacios y tiempo con animales domésticos, con aquellos que no se humanizan. Una fantástica obra que rescata un valor perdido, el de lo cotidiano, el de aquello que no llega envuelto en una caja, el valor de una historia compartida, el valor de un pasado que sobrevive al presente, que hace mejor el presente, que lo construye. Elogio de las manos, elogio del tiempo disfrutado utilizando las manos para hacer la vida un poco mejor.

También del autor en este blog:

          Intemperie

domingo, 15 de febrero de 2026

Podrías hacer de esto algo bonito – Maggie Smith

 

Maggie Smith traslada sus pensamientos, sus sentimientos sobre su proceso de divorcio a esta novela de capítulos cortos, muy cortos. En cierta forma a modo de diario, con la dispersión propia de los pensamientos que llegan a la cabeza, no con el orden que queremos dar a las historias contadas. También reflexiona sobre su propio matrimonio, su relación de pareja, la relación de ambos con sus hijos, la relación de cada uno con los niños, el trabajo, las elecciones que hay que realizar. En un momento de crisis, de duelo, ante el fin de un proyecto común, Maggie Smith nos habla sobre esa relación que comenzó en un taller de escritura en la universidad, relata aquellos inicios, los cambios de domicilio, las decisiones laborales, se habla a si misma, para, no hay más remedio, analiza, recuerda, asume, relaciona. Y, sin embargo, no puede parar, hay un mundo nuevo por delante. Todo iba bien, hasta que un día Maggie descubre una postal, unas páginas en un cuaderno. ¿Qué hubiera pasado de no haberlas descubierto? Una infidelidad rompe la burbuja de felicidad en la que Maggie vive. Una burbuja resquebrajada que seguía brillando sostenida por la rutina, sostenida por un proyecto acorde con el estándar social. Maggie escribe y va sanando las heridas, las nuevas y las que no conocía que tenía. Escribe, sigue escribiendo, en el mismo proceso de escritura reflexiona sobre su vida en común, ahora que falta una de las patas de aquella estructura, también sobre la repercusión que tendrá la publicación sobre su familia, no solo la publicación del texto, las repercusiones que tiene sobre sus hijos esta separación en la relación de cada uno de sus hijos con ella misma. Duda sobre si los está utilizando, si hace lo correcto. Duda y sigue adelante, duda y escribe, escribe y saca afuera el dolor, el nuevo y el que ya estaba ahí. Una novela donde encontrar lugares comunes tan distintos en cada relación, lugares comunes sobre los que reflexionar. Recientemente, he leído también La mujer rota de Simone de Beouvoir, que nos pone sobre la mesa una situación similar en los años 60, cambios desde entonces en la sociedad, quizás no tantos. Tan distinta la forma de contar.

domingo, 1 de febrero de 2026

1969 – Jerónimo Tristante

1969, el año en el que el hombre llegó a la luna, llega al club de lectura Alumni, donde tuvimos el privilegio de contar con el propio autor para hablar de la novela.

En la Nochebuena de 1968 una mujer cae desde la torre de la catedral de Murcia. Julio Alsina está de guardia en la comisaría, un policía fracasado que pasa el tiempo bebiendo Licor 43, un policía que ha fracasado en su vida personal, que ha fracasado en su vida profesional, un policía que hace todas las guardias que nadie quiere. Y, sin embargo, un policía que no se queda con esa primera impresión que daría por cerrado el caso: el suicidio de una prostituta en una noche donde la familia es tan importante.

Y es Julio Alsina el que nos lleva de la mano por aquella Murcia de 1969 en la que todavía se vive en una dictadura, donde la televisión empieza a llegar a cada hogar, donde cada vez son más los que pueden permitirse un pequeño utilitario, donde es habitual que tantos vivan en una pensión.

Julio Alsina, madrileño que ha acabado en provincias, que empezará a atar cabos, que se preguntará por el trabajo de esta prostituta, que se preguntará por las desapariciones en ese apartado lugar conocido como la Tercia donde tan difícil es quedarse y donde, sin embargo, se celebran fiestas de lujo. Ese lugar donde se habrá una rogativa por los desaparecidos, donde los “ángeles blancos”… Julio Alsina, que nos llevará por aquella Murcia de finales de los 60. Julio que tendrá en Rosa Gil, su vecina de la Sección Femenina de Falange, a alguien con quien compartir sus descubrimientos, a alguien que le ayude a hacer las preguntas correctas, a alguien que puede abrir alguna de las puertas necesarias para su investigación, esa investigación en la que nadie está interesado y que le han dicho claramente que tiene que abandonar. Y Joaquín, ese amigo que le da la oportunidad de un nuevo trabajo fuera de la policía, un trabajo que le permite dedicar tiempo a la investigación, ese amigo que tiene una doble vida, ese amigo que vive en primera persona el riesgo de ser distinto.

Una novela que nos llevará no solo a conocer la ciudad en la época del final del franquismo, sino también la sierra que la rodea con esos paisajes tan característicos. Una novela que nos pone sobre la mesa lo importante que es tener un objetivo en la vida, una novela con la que he disfrutado doblemente y que tiene un sorprendente final con un hecho histórico como protagonista.