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domingo, 9 de julio de 2017

Diario – Ana Frank



Una amiga me propuso leer cada día un día del diario de Ana Frank tras visitar el anexo en un viaje a Ámsterdam. Una bonita experiencia esta lectura conjunta que nos ha llevado a compartir algo más de dos años de la vida de Ana durante varios meses.

Las personas libres jamás podrán concebir lo que los libros significan para quienes vivimos encerrados.

El diario lo leí por primera vez de adolescente y todavía recuerdo como imaginaba ese anexo, tan claustrofóbico para mí, en aquel entonces. Conocer el escenario real, claustrofóbico también obviamente, y, seguramente el paso de los años, ha hecho que la lectura haya sido algo distinta: ¡Cómo imaginar que 8 personas puedan vivir escondidas sobre un almacén durante más de 2 años!
Ana inicia un diario el día de su cumpleaños, una escena que se repite tanto, o se repetía, en una adolescente. Un diario que pronto se convierte en testigo de su historia y a la vez historia de un sinsentido. Un aspecto de aquella locura que hemos conocido siempre gracias a Ana, aquel deseo de ser escritora, que se convierte en realidad de forma imprevista, aunque nunca imaginó que sería así.

Para alguien como yo es una sensación muy extraña escribir un diario. No sólo porque nunca he escrito, sino porque me da la impresión de que más tarde ni a mí ni a ninguna otra persona le interesarán las confidencias de una colegiala de trece años. Pero eso en realidad da igual, tengo ganas de escribir y mucho más aún de desahogarme y sacarme de una vez unas cuantas espinas.

Como pasar más de 2 años con miedo, en un espacio tan reducido para tantas personas, con tantas restricciones, en una edad donde todo queda pequeño y, sin embargo, manteniendo la esperanza en un futuro mejor, en un futuro donde poder seguir adelante con esa vida que un día se truncó.

Montar en bicicleta, bailar, silbar, mirar el mundo, sentirme joven, saber que soy libre, eso es lo que anhelo, y sin embargo no puedo dejar que se me note, porque imagínate que todos empezáramos a lamentarnos o pusiéramos caras largas... ¿Adónde iríamos a parar?

Es fácil reconocerse en alguna de esas páginas de este diario, esos pensamientos adolescentes que parecen únicos. Escenario distinto, época y circunstancias difícilmente comparables. Un testimonio de valor incalculable que Ana nos trae y que no deberíamos olvidar. Como el día a día puede desaparecer sin apenas darnos cuenta y convertirse en una barbaridad para tantos.