miércoles, 4 de noviembre de 2026

El año del pensamiento mágico – Joan Didion

 

No está siendo fácil la lectura de este libro. No es una novela, quizás unas memorias, aunque no es necesario clasificarlo todo, ¿verdad?. No está siendo fácil, la autora nos habla de la muerte inesperada de su marido, un infarto mientras preparaba la cena, una noche en la que acababan de volver de visitar a su hija Quintana en la UCI, su hija que acababa de casarse con Gerry. Nos habla del tiempo que vino después, del duelo por su marido, del duelo por esa enfermedad de su hija.

Te sientas a cenar, y la vida que conoces se acaba.

Una neumonía que derivó en un shock séptico hizo que Quintana pasara un tiempo en la UCI de un hospital de Nueva York, unos meses después tiene que volver a ingresar por una hemorragia cerebral. Dos hospitales distintos, una grave enfermedad que la autora vivió mientras pasaba por el duelo por la muerte de su marido, un duelo que no permite otro, dos que tiene que vivir de forma simultánea, uno que tiene que esperar.

No está siendo fácil, con esta lectura llegan a la memoria experiencias propias y no está siendo fácil porque su lectura ha coincidido con el trágico accidente de Urda. Muertes inesperadas, días de UCI, familias rotas. Familias que tienen que salir adelante. Joan Didion nos habla de forma magistral de sentimientos, de emociones, de esos lugares comunes con la persona que ya no está, de aquellas historias familiares, recuerdos bonitos y otros no tanto, de aquellas decisiones tomadas, de aquello que ya no pasará, de aquello que será distinto. Nos habla también de la Medicina, de la Medicina vista desde la experiencia del familiar que acompaña, que espera, de aquel que también acaba de perder a un ser querido, términos médicos que se aprenden en los tiempos muertos.

Año 2003. El sábado 27 de diciembre nos contaron que le estaban dando un fármaco por entonces nuevo de la Eli Lilly, el Xigris, y que se lo seguirían administrando durante noventa y seis horas, cuatro días,…

Vemos diferencias entre el mundo europeo y el norteamericano, las distancias, la sociedad, sin embargo, en algunos aspectos del duelo, poco nos diferenciamos: Hay lugares comunes, hay un torbellino, una montaña rusa, un vacío, una maraña de sensaciones.

Una bonita edición ilustrada por Paula Bonet.