Otro autor que conozco gracias al
club Escuela de Mandarines. Había
oído hablar de él pero es ahora, con su guitarra
azul, cuando ha pasado por mis manos. Me ha recordado bastante a Paul Auster,
aunque no sabría decir por qué. Debe ser por ello que con frecuencia mi mente
se iba a Estados Unidos aunque esta novela se ambiente en una Irlanda del
pasado siglo verde y fría, quizás por tener cierto aire cinematográfico. Por cierto, he notado que la lluvia jalona mi relato con sospechosa regularidad.
Y esta novela no la recomendaría
por la historia que cuenta: un pintor cleptómano inmerso en un triángulo amoroso
y, sobre todo, el pasado, los recuerdos y remordimientos que quedan de la
infancia, del ayer, también el pasado físico, no solo los recuerdos, al volver
al lugar donde vivió.
Tampoco la recomendaría por los
personajes, desde luego no son ejemplos a seguir, ¿o si? Interesante ver como
arte y artista no tienen que ir de la mano. Es frecuente pensar que un buen
artista será también una buena persona así que, a menudo, cuando sale a la luz
algo reprobable de alguno, en cierta forma, su arte pierde valor. Aquí podemos
ver como llegan a ser independientes y quizás así debiera ser.
Sin embargo, un protagonista
indiscutible, quizás egocéntrico, quizás, como cada uno de nosotros.
Que él lo hubiese guardado durante todos aquellos años y además en una carpeta especial fue un duro golpe. A veces tengo la sospecha de que son muchas las cosas que se me escapan en el transcurrir de los días.
Con lo que más he disfrutado es
con la forma de contar, también una buena traducción de Nuria Barrios, sin duda. Una
historia habitual transformada en especial gracias al autor. He disfrutado
mucho y me he enfadado, me he enfadado con ciertas situaciones, pero eso es lo
bonito de la literatura, que te cuente lo que te gusta y lo que no, en este
caso de una forma fantástica.
Está Olly que inicia una relación
con Polly, la mujer de su amigo, la amiga de su propia mujer.
…pero no me lie con Polly confiando en que el ardor que generábamos al estar juntos avivaría las brasas de la inspiración hasta encender un fuego jubiloso, ¡No! Para entonces las brasas se habían transformado en cenizas y, es más, ya estaban frías.
Está Polly, para la que Olly era
un dios… está Gloria, está Marcus… está la rutina, la fuerza de ellas, cierta
debilidad de ellos…
Y el arte, detalles sobre pintura
aquí y allá, libros, teatro, poesía… Maldita sea,
otra nueva digresión.