Un libro que he leído en preventa, muy adecuado para estos días de calor. Precisamente ambientado en un lugar donde también alcanzaban fácilmente los 40 grados, pero bajo cero. Una novela negra ambientada en la profundidad de Rusia, una mina, un cadáver, alguno más antes de que lleguemos a Norilsk, otros a lo largo de la historia, una comisaría, una ciudad que puede desaparecer. Irina Galieva y Alexéi Kuzlov son los protagonistas y los encargados de esclarecer la muerte en la mina Rosomakhskaya que será solo la punta del iceberg. Tundra, frío y mortecinos fluorescentes en condiciones extremas que nos dibujan un escenario claustrofóbico que no nos dejará durante toda la novela. La coronel de policía Svetlana Podskainaïa, jefa del departamento del MVD es otra de las protagonistas, desde su despacho tendrá que lidiar con los trabajadores de esta comisaría y algún protagonista llegado del Mediterráneo: Ulises Cánovas, ninguno de ellos se atiene fácilmente a las normas. MVD, FSB, distintas siglas, distintas corporaciones, alguna heredera de la temida KGB, que tienen que trabajar unidas. Una trama actualizada a una realidad industrial que cuesta no relacionar con historias de la guerra fría protagonistas de la infancia de una generación. Las condiciones extremas de esta ciudad real constituyen el escenario perfecto para una ficción trepidante con un rico vocabulario rescatado del frío.

Pues ya solo por los 40° negativos, para sugestionar al cuerpo, parece ideal su lectura. Gracias, Ana. Un abrazo grande.
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