Una lectura a la que he
llegado con el Reto
Serendipia recomienda 2020, una aportación de Las
Inquilinas de Netherfield. Una entrañable historia ambientada en los
canales de Venecia, la historia de un gondolero, el que es capaz de llevar su
góndola por cualquiera de los canales de esa ciudad especial, incluso por los
más angostos. La historia de una vocación, la historia de un único anhelo. Y clientes
que piden escuchar O sole mio, O sole mio cantado por el gondolero
que los acompañe en su visita a la ciudad. Gondoleros que cantan las arias de
las óperas italianas mejor que el propio Caruso. Luigi navega como ningún otro,
pero cuando canta el sonido no es ni mucho menos el esperado y se lo dice la verdura
y el pescado podrido que cae a su alrededor.
Todo el mundo sabe que los gondoleros de Venecia son los mejores –corrección, perdonen-, todo el mundo solía saber que los gondoleros de Venecia son los mejores cantantes del mundo.
No es suficiente con
el increíble manejo del remo, así que Luigi tiene que cambiar de trabajo, el trabajo
con el que ha soñado toda su vida, pero Luigi sigue alegre, si no puede cantar,
estará cerca de los gondoleros de otra forma, lo estará en la taberna secreta
donde se reúnen todos, donde también hay mucho trabajo que hacer. Y más tarde
buscará a ese profesor que quiera enseñarle a cantar y seguirá intentándolo y mejorará
aún más, si eso es posible, en el manejo de la góndola y buscará la manera de hacer
lo que más le gusta y todos los gondoleros de Venecia, encontrarán la forma de
que Luigi siga siendo uno de ellos.
Una historia
entrañable del autor de La princesa prometida. Una historia que nos
lleva a conocer a Luigi, como puede uno superar los distintos reveses que da la
vida, como se puede hacer con alegría y como se puede ayudar a los demás, incluso
cuando eres tú el que tiene el problema, y todo ello por los canales de Venecia
con las ilustraciones de Paul Giovanopoulos.
