El primero de la serie de Petra Delicado
y Fermín Garzón y es aquí donde Petra se convierte en detective, es aquí donde
Garzón llega a esta comisaría y tiene que trabajar junto a Petra, una inspectora
inexperta que será su jefa en un caso de violación.
Años 90, Petra acaba de salir de
uno de sus matrimonios, quiere dar un giro a su vida y ese giro, en lo laboral,
llega con la falta de personal: Alguien tiene que llevar el caso de esa joven
que ha sido violada y marcada en el brazo.
He disfrutado mucho acompañando a
esta pareja de policías cuando todavía solo existía una relación circunstancial
y posiblemente temporal, esta pareja que ha investigado crímenes “para mí” sin
necesidad de tecnología de última generación. Y así es en esta ocasión, patear,
discutir, seguir distintas pistas, pensar que se tiene la solución y estar
totalmente equivocado y, todo lo contrario, que solo un pequeño detalle es
suficiente para desentrañarlo todo.
Alicia Giménez Bartlett se anticipa
a nuestra sociedad actual con este caso, un caso donde la prensa juega un papel
fundamental, la pequeña pantalla todavía, estamos en los años 90, exprime esta
historia, una historia mediática donde todo el mundo tiene una opinión.
Así nos presenta
Alicia Giménez Bartlett a Petra Delicado. Y así llegará a ser Petra, una mujer que
no pasa desapercibida y de la que es fácil pensar que no sabe lo que lleva
entre manos, con unos métodos cuánto menos, diferentes.
La resolución del
caso se hace lento a veces, vueltas y vueltas que no parecen llevar a ningún
sitio, aunque lo que gana y por goleada es acompañar a esta pareja mientras se
van conociendo, tan diferentes en la forma de ser, en la de pensar en su
historia y como cada uno va encontrando lo mejor del otro, como la relación evoluciona
hacia el respeto y la amistad.