Vuelve Murakami, uno de mis autores favoritos, a mis lecturas. Un libro algo extraño, el Murakami que yo recordaba y, a la vez, uno distinto. Una historia algo disparatada, pero que te mete en su universo y deja de sorprenderte tras los primeros capítulos. Cualquier cosa que suceda puede ser razonable. Una novela llena de hechos insólitos que acaban conectando en su mayoría, para otros necesitaré una segunda lectura. Hechos, historias, que nos llevan a pensar sobre la amistad, sobre el destino, sobre aquellos con los que nos cruzamos en nuestro camino y tanto lo condicionan. Un libro, quiero creer, lleno de metáforas, que nos lleva por la crisis vital de un adolescente, de Kafka Kamura, 15 años de un chico solitario y autosuficiente. Una novela de iniciación, donde el viaje, la huida, son protagonistas.
Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella.
El libro comienza con unos niños en una excursión del colegio. Un suceso extraño ocurre, uno tras otro, empiezan a caer desmayados. Todos los niños, pero no la profesora y todos despiertan como si no hubiera pasado nada, todos menos uno que sigue en coma durante un tiempo. Estamos en la época de la 2ª Guerra Mundial, un hecho de esta naturaleza fácilmente acaba siendo investigado por los militares. Incluso tenemos acceso a los informes, a las grabaciones de las entrevistas.
Años después, el adolescente al que conocemos como Kafka Kamura está a punto de cumplir 15 años, ese día es el que iniciará este viaje. El viaje que le llevará a conocer a los personajes que viven en las páginas de este libro, que le llevará a la Biblioteca Conmemorativa Kômura, lugar también protagonista, biblioteca que acoge a nuestro protagonista en su huida, que le da alojamiento, que le da lecturas interminables, que le da información sobre su propia vida.
En capítulos intercalados conocemos a Nakata, un señor, ya casi anciano, con una discapacidad intelectual, un señor capaz de hablar con los gatos, especializado en buscarlos cuando se han perdido, esta es su carta de presentación, pero capítulo a capítulo iremos conociendo el mundo increíble de esta novela de Murakami, donde nada es lo que parece, donde lo real se entrecruza con lo fantástico, donde es posible saber que van a llover sardinas y caballas o donde podemos encontrarnos con aquellos dos soldados que desertaron del ejército durante la 2ª Guerra Mundial, los soldados que te acompañan a esa ciudad de tránsito, esa ciudad que te da tiempo para pensar en qué universo quieres permanecer.
Una locura de libro con la que disfrutar en cualquier caso, con esa tranquilidad que dan los libros, los que están en esa biblioteca Kômura, los que están entre las páginas de esta novela. Disfrutar con la música que siempre nos aconseja este autor, disfrutar con la gastronomía japonesa, disfrutar con un Murakami y su obra deconstruida como he llegado a leer en algún sitio.
- Quiero que te acuerdes de mí - dice la señora Saeki. Y me mira directamente a los ojos -. Si tú me recuerdas, no me importará que el resto del mundo me olvide.

No hay comentarios:
Publicar un comentario