domingo, 28 de marzo de 2021

Andanzas y entremeses de Juan Rana - Ron Lalá

En esta ocasión leemos teatro gracias al club de Lecturas Dramáticas. Juan Rana, famoso actor del Siglo de Oro llega, gracias a la compañía Ron Lalá, a los escenarios y también a las páginas de este libro que recorre la vida del actor en estos entremeses que tan buen rato nos hacen pasar.


El inquisidor general quiere llevar a la hoguera a Juan Rana, se le acusa de hacer reír, de ser irreverente, de blasfemia, de herejía, de… Son muchos los personajes que actuarán en este juicio, son muchos los que lo conocen y es a muchos a los que hace disfrutar con sus andanzas. Encontramos en sus páginas a Lope y Calderón también a aquellos que compartieron escenario con él, como Bernarda, encontramos a tantos que quieren seguir disfrutando de su buen hacer en el escenario, incluso el verdugo participa en este juicio secreto intentando evitar tener que realizar su trabajo. Encontramos escenas que nos harán reír a carcajadas como cuando Juan Rana es su propio retrato, o cuando otros se disfrazan de Juan Rana convirtiéndose Cosme Pérez en una pareja de gemelos. Sorprendentemente también disfrutaremos con el inquisidor general que tampoco puede resistirse a la fuerza de Cosme Pérez o Juan Rana o como quiera que se llame, disfrutaremos no solo con las historias que nos llegan desde el Siglo de Oro, sino también con esos guiños a la actualidad que es tan eterna. Y la música, presente en toda la obra, que ya se adivina en las páginas de esta edición y que es el directo el que nos hará disfrutar de ella totalmente.

domingo, 14 de marzo de 2021

Confabulación – Carlos del Amor

El club Te leeré miércoles tiene este mes como protagonista a Carlos del Amor con su libro Confabulación: Una enfermedad donde son los recuerdos los que nos llevan a dudar de nosotros mismos. Andrés descubre un día que quizás aquello que recuerda no es lo que realmente pasó, que es su propio cerebro el que hace que recuerde situaciones que nunca ocurrieron. Una enfermedad que puede derivar de aquella operación que tuvo de pequeño. Una enfermedad que le lleva a cuestionarse su pasado, su presente y su futuro. Compartiremos con él etapas de la vida que llegan tras un diagnóstico, la negación, la búsqueda, la adaptación, el asumir que uno es diferente, el encontrar a otros como tú, el tomar decisiones sobre el futuro. Una historia donde acompañamos a Andrés mientras se replantea sus relaciones con los demás, con Alejandra, el amor de su vida, con su madre, con sus compañeros de profesión…, lo acompañamos mientras empieza relaciones nuevas, acompañamos a Andrés mientras pone a prueba sus recuerdos, mientras las redes sociales entran en su vida, igual que han llegado a entrar en la de casi todos, redes sociales que comparten nuestros recuerdos incluso con nosotros mismos.

Un libro que como novela nos dejó a muchos algo desilusionados, una historia que empieza muy fuerte pero que no desarrolla esas expectativas creadas. Una lectura, sin embargo, que nos lleva a reflexionar sobre la mente, sobre esos recuerdos que nunca son reflejo fiel de lo que pasó, sobre lo que ocurre cuando ni siquiera existen, o cuando son tan diferentes a aquel momento. Y, por supuesto, los recuerdos de los demás sobre nosotros que nos hacen trascender. Nuestros recuerdos de los demás que los hacen trascender.

La memoria protagonista en las historias de Carlos del Amor, como las que podemos leer en La vida a veces un libro de cuentos donde también nos habla de la memoria:  en SIN RECUERDOS ¿es la que define lo que somos? ¿qué ocurre cuando la perdemos? ¿seguimos siendo nosotros?, en EL TRASTERO, aquello que dejamos pasar y que un día, afortunadamente, vuelve a nosotros. La vida de los nuestros que siempre había sido algo supuesto. LA FOTO que nos lleva a tanto que quedó en el olvido, instantes que una cámara pudo retener, instantes que se convierten en una vida.

Del mismo autor en el blog:

·         La vida a veces.

·         El año sin verano

domingo, 28 de febrero de 2021

El perro de terracota – Andrea Camilleri

Nueva entrega donde Camilleri nos trae a su comisario Montalbano: El perro de terracota, el segundo de la serie. Comentaba en mi anterior reseña Una lectura condicionada por la serie de televisión, escenarios y personajes, que hace perezosa a la imaginación. Y justo lo mismo he pensado mientras leía esta segunda entrega.

Salvo Montalbano recibe una llamada de un amigo de la infancia, una llamada que lleva a una oferta inesperada. Un simulacro, un éxito que puede llevar a Montalbano a un ascenso que no desea. Una pieza de dominó que hará que muchas otras empiecen también a caer. El robo a un supermercado que se presenta como una broma. Un comisario con técnicas propias, a veces no demasiado adecuadas. Y no puedo dejar de encontrar paralelismos con otro de mis detectives favoritos Guido Brunetti. Historias a la italiana donde las relaciones personales son tan importantes, la comida, la lectura, el hablar, el visitar a los implicados, el llegar a conocer el pasado. Y así, tranquilamente, sin ayuda de la última tecnología llegamos a un desenlace a menudo inesperado. Presente y pasado que se entrelazan, nuevas historias paralelas, historias de la Segunda Guerra Mundial que siguen condicionado el presente. Desaparecidos en una época donde todo podía ocurrir. Y un interés personal, un interés personal en descubrir este acertijo que cualquier otro hubiera dado por cerrado. Un acertijo del pasado que nos recuerda que no estamos solos, que son muchos los que se ven afectados por nuestras decisiones.

De Andrea Camilleri en este blog:

El cielo robado.

La forma del agua.

domingo, 14 de febrero de 2021

La caída de los gigantes – Ken Follet

El primer libro de una famosa trilogía. Una relectura, gracias a una incondicional de Ken Follet, que vuelve a traer el horror de una guerra. Una guerra de la que hace poco tiempo hemos celebrado su primer centenario: La Gran Guerra.

A los personajes los conocemos el día que Billy cumple 13 años, el día que empezará su trabajo en la mina, igual que hizo su padre, igual que hizo su abuelo. Estamos en época de paz, conocemos como se relacionan entre sí personajes de distinta condición, ricos y pobres, conocemos sus trabajos, su vida cotidiana, conocemos sus anhelos, como evolucionan según la historia que les ha tocado vivir.

Pero pronto llega la noticia, estalla una guerra, una guerra que esperan que sea corta, que esperan que fácilmente llegue a un final satisfactorio según el punto de vista de cada uno. Follet nos lleva por los distintos escenarios, no ya el campo de batalla, que también, sino el hogar, el entorno de aquellos que participaron en esa guerra, de los que dirigieron, de los que eran la carne de cañón, de los que se quedaban en casa intentando sobrevivir, intentando aportar su grano de arena para que llegara el fin de esta guerra.

Protagonistas de Rusia, Inglaterra, Gales, Alemania, Estados Unidos (5 páginas al principio de la novela con los nombres de cada uno). Las dificultades que añade una guerra a las perspectivas de futuro, los condicionantes de ese presente que tanto cambia el pasado. Como amigos tienen que enfrentarse en bandos distintos, como se hace una revolución mientras la vida sigue llegando, como los entresijos de la política mantiene una guerra que tantas vidas cuesta.

Más de 1.000 páginas que discurren por el primer cuarto del siglo XX. Por la Europa que se formará y desmontará en tantas ocasiones, por la Europa donde tantos tienen que luchar por sus derechos civiles. Que nos llevan por la vida de Gregori y Lev Peshkov, dos hermanos rusos que separarán sus caminos, que serán protagonistas de esta época convulsa, sus acciones cambiarán el curso de la historia. Que nos llevan a Inglaterra con el conde Fitzherbert y su hermana Maud, tan poco convencional, la familia Williams, mineros de las minas del conde. Gus Dewar un estadounidense que no puede evitar implicarse en los asuntos europeos, Walter Von Ulrich, de una familia de diplomáticos alemanes.

Personajes de ficción que conviven con personajes reales protagonistas, sentimientos reales para unos personajes que bien podrían haber existido en aquella Europa donde, me sigue sorprendiendo, las relaciones internacionales sean “tan fáciles”.