domingo, 7 de octubre de 2018

Un millón de gotas – Víctor del Árbol

Vuelvo a Víctor del Árbol después de asistir a una jornada literaria en la que él participaba. Después de escucharlo y de que una amiga me regalara este libro me he decidido a conocer un poco más a este autor. Había leído La víspera de casi todo y tenía el recuerdo de una historia sombría y que dejaba un nudo en el estómago. Y ¿qué ha pasado con Un millón de gotas?  Pues prácticamente lo mismo. En aquella jornada, no recuerdo si fue él o algún asistente, se comentó que se lo hacía pasar muy mal a los personajes. Acertadamente alguien replicó “y a los lectores también”.
En Un millón de gotas tenemos numerosas historias que se entrelazan, historias que se convierten en la misma, presente y un pasado lejano que lleva a este presente, protagonistas que vamos descubriendo, que se conocen, que ya conocemos cuando aparecen y muchos años para saber de ellos. Historias de familia que conocen aquellos que son extraños para nosotros y, sin embargo, no nosotros mismos. Todo lo necesario para que un libro enganche.
Un inicio muy llamativo con el que iremos descubriendo con calma, gota a gota, todos los entresijos de la vida de un protagonista como Elías Gil que llena toda la novela. Un protagonista al que conoceremos apenas empezando la Universidad y del que se irá desvelando ese millón de detalles que llevan a cada uno y a los que lo rodean a una vida única. Y otro protagonista indiscutible: Un siglo XX que nos trae toda su crudeza y no tiene compasión, especialmente con Elías.
Un autor al que volveré, aún teniendo el estómago en un puño durante toda la lectura, he disfrutado con esta historia descubriendo como aquellos que están a nuestro alrededor, aquellos que ya no están, tienen un pasado que no conocemos, incluso cuando ese pasado fue compartido en el tiempo. Y esa Matrioska, protagonista, como esa trama que esconde al responsable de todo, como ese millón de vericuetos que tiene esta historia.
La primera gota es la que empieza a quebrar la piedra.
La primera gota es la que empieza a ser océano.

 De este mismo autor en este blog: La víspera de casi todo.