domingo, 12 de noviembre de 2017

El cielo robado – Andrea Camilleri



Un libro que se lee en un suspiro, empieza con las cartas de un notario, las cartas que escribe a una mujer interesada en un libro que él publicó cuando era joven. Un libro sobre Renoir, sobre dos frescos en la iglesia de un pequeño pueblo de Italia. Las cartas de ella no las tenemos, pero podemos ir imaginando su contenido por las contestaciones de él. Una relación que comienza por el interés de una lectora sobre la historia de un libro encontrado en un puesto de libros de segunda mano en Turín. La relación se va estrechando con la excusa de Renoir, de descubrir donde estuvo, de alguna de las historias que se cuentan sobre el pintor sobre su estancia en Sicilia, de los cuadros que habría pintado entonces. Y las cartas cesan y Michele Riotta desaparece y es su sobrino, el que nos relata los hechos de los últimos días. Cambiamos de protagonista y cambiamos de registro, un giro en el relato que creo que ayuda mucho al interés en la obra. Las cartas nos dejaban leer entre líneas pero ahora, con este nuevo punto de vista, entrarán más aspectos en juego que enriquecerán la historia. Y nos queda una tercera parte, una, el padre de Montalbano nos dará unas pinceladas de novela policiaca.
Una historia con la que conoceremos un poco más a Renoir y su obra, aunque siempre nos quedará la duda ¿ficción? ¿realidad?.
No había leído nada de este autor pero creo que habrá muchas otras lecturas, y, como no podrá ser de otra forma, llegaré a la serie donde Montalbano es el protagonista. Así me pasó con Donna Leon y su policía más famoso: Brunetti.

domingo, 29 de octubre de 2017

La escritora – Carmen Conde



Un libro que cogí de la estantería de novedades de la biblioteca de forma casi impulsiva. Me sonaba haberlo visto por las redes, la sinopsis, leída de forma rápida, no me desagradó.
Y con él me puse un fin de semana, ¡qué lectura más adictiva! Era difícil cerrar sus páginas para hacer otra cosa. Y, curiosamente, no es un libro que recomiende especialmente, no es un libro que volvería a leer, no es un libro con el que haya disfrutado, no es un libro del que piense que sus personajes podrían ser un ejemplo. Y, sin embargo, no
podía dejar de leer esta historia exagerada. Si, podría ser éste un adjetivo adecuado.
Una novela negra, o una crítica a las novelas negras. Una novela ambientada en el mundo editorial, con autores estrambóticos y una historia delirante. Un capítulo inicial que sucede años antes de la historia que nos narrarán, un capítulo determinante que, como lectores, nos dará muchas pistas con las que poder intuir de antemano las razones de los personajes para llevarnos por esta locura de novela. Un asesinato con un modus operandi bastante llamativo y gore, muy gore, reconozco que totalmente nuevo para mí, incluso después de innumerables capítulos de CSI.
Hay partes bastante predecibles, aunque en muchas ocasiones me sorprendió. Eso sí, no sé si me sorprendió la historia en sí o la imaginación de la autora, cada capítulo un giro aún más rocambolesco, aunque también hay que decir que en cierta forma están enlazados de forma creíble, lo que yo siempre pido.
Una historia adictiva que nos muestra algunos entresijos del mundo editorial en una historia bastante angustiosa: una escritora para otros que se ve implicada en la muerte de aquellos que tiene alrededor, entre ellos la estrella del momento para la que iba a escribir su próxima novela, y un policía que, como no podía ser de otra forma, utiliza unos métodos algo singulares para llegar al fondo del asunto. Y giros de tuerca infinitos en esta rocambolesca novela de personajes con un pasado que ocultar.

domingo, 1 de octubre de 2017

La fea burguesía – Miguel Espinosa



Una crítica a la burguesía de los años del franquismo realizada con un estilo narrativo tan único que solo por ello ya merece la pena su lectura. Una crítica que puede parecer circunscrita a una época pero que sigue tan vigente, hoy y en cualquier época de nuestra historia. Los actores cambian, el argumento se asemeja mucho. Y actores concretos son los que muestra el autor para presentarnos a la clase media, como Castillejo y Cecilia, profundizando en la vida académica. Clavero y Pili, Mili y Pravia: representación y publicidad ... Y a la clase gozante, Camilo y Clotilde, describiendo con detalle el día a día de una España lejana hoy, cercana siempre, tan fácil de reconocer.

Y como no sentir que este párrafo refleja una realidad que no queda en el pasado.


En una sociedad adquisitiva, todo bien tiene precio, y nada, dignidad. Como Manuel Kant, José López llama dignidad a la condición de lo que no puede ser sustituido, y que, por tanto, carece de equivalente y precio, como la Naturaleza y el Arte. Una comunidad que tenga por fin la apropiación de objetos –afirma José López – renuncia de antemano a cuento posee dignidad; en una palabra: rebaja arbitrariamente al hombre, comenzando por no exigirle nada.


He disfrutado mucho con la prosa de Miguel Espinosa aunque reconozco que el libro ha requerido mucho tiempo para su lectura, una lectura que avanzaba lentamente en una preciosa edición recién salida de la imprenta de la editorial La Fea Burguesía, ¡qué mejor homenaje! Y un homenaje en nuestro club de lectura Escuela de Mandarines al autor que nos presta el nombre con un libro que, seguramente, requiere una segunda y tercera lectura.

Pero no tengan en cuenta mis palabras,

sobre libros, ha de valorarse la opinión de aquellas personas tan altas que no precisan escribirlos.

sábado, 16 de septiembre de 2017

El año sin verano – Carlos del Amor



Un título que nos recuerda un hecho famoso en la literatura y, precisamente, sobre el que había leído hace poco en La Estancia además de otras muchas referencias en las redes. Carlos del Amor utiliza este título tan sugestivo para trazar una historia curiosa, quizás más curiosa por la forma de contarla que por la propia historia en sí, ambientada en un Madrid cercano. La historia de un verano que me acompañó en un viaje en tren y lo hizo especial.
Carlos del Amor entrelaza ficción y realidad para contarnos los entresijos de un edificio de Madrid en verano. ¿Ficción y realidad o solo realidad? Posiblemente solo él lo sepa, precisamente ahí está lo curioso de la historia, al menos para mí, una historia contada con visos de realidad, algo que nos podría haber pasado a cualquiera, al menos el principio, pero que un escritor es capaz de sacarle un partido especial. Posiblemente una historia con elementos reales entrelazados de una forma muy amena en una ficción literaria que tan buenos ratos nos hace pasar. ¿Daría la historia de nuestros vecinos para una novela? Posiblemente sí. ¿Son estas historias las de los vecinos de Carlos del Amor? Historias que se convierten en reales en el momento en el que llegan a las páginas de esta novela. Historias que nos hacen disfrutar tanto siguiendo al autor protagonista en la creación de las mismas.
Como decía, me ha parecido muy curioso como presenciamos el germen y desarrollo de la escritura de una novela dentro de la misma novela, no sé qué parte es más interesante si este desarrollo o la historia que contará la novela propiamente dicha. Y luego están los lugares conocidos, es fácil imaginarse ese verano tórrido en Madrid y también pasear por las salas del Museo del Prado, por ejemplo. Un libro que nos trae el eterno deseo de mirar, no a través de una ventana como en aquella Ventana indiscreta de Hitchcock, sino gracias a un llavero que quedó extraviado.

El 2 de agosto dejé el coche en mi garaje habitual. Estaba desierto, jamás lo había visto así. Al llegar al portal, abrí la puerta y maldije una nueva avería en el ascensor, tan bonito y antiguo como poco práctico. Vivo en un sexto piso de un edificio de siete plantas, así que emprendí la escalada resignado. Cuando iba por el tercero, di una patada a algo,…

domingo, 3 de septiembre de 2017

El cuento de la criada – Margaret Atwood



Un regalo de una amiga lectora, un libro del que casi no había oído hablar, solo lo que ella me había contado y del que, desde entonces, he oído hablar mucho. Una distopía, angustiosa como todas, al menos para mí. Todas las que recuerdo haber leído parecen contar hechos futuros, lejanos, difíciles de ver a nuestro alrededor y, sin embargo, esos hechos están ya aquí en tantas ocasiones. 

Así nos cuenta la autora sus dudas y como se forjó la novela en una introducción muy ilustrativa.

En 1984, la premisa principal parecía-incluso a mí- más bien excesiva. ¿Iba a ser capaz de convencer a los lectores de que en Estados Unidos se había producido un golpe de estado que había transformado la democracia liberal existente hasta entonces en una dictadura teocrática que se lo tomaba todo al pie de la letra?

Y si, nos convence, al menos a mi, no es tan difícil que se llegue a producir esta situación. Quizás en algunos países es más difícil un golpe de estado “clásico”, aunque en la novela el golpe de estado es lo de menos, ni siquiera me lo había planteado de no ser por lo que nos cuenta la autora, lo llamativo es como está estructurada la sociedad y de ello tenemos algunos ejemplos reales bastante cercanos. No se podía confiar en la frase “Esto aquí no puede pasar”. En determinadas circunstancias puede pasar cualquier cosa, en cualquier lugar. Y, más aún, cuando pasa con el beneplácito de bastantes, sin darnos cuenta, incluso pensando que es por nuestro bien.
En esta sociedad que nos muestra la novela, la procreación es la protagonista. Todo está preparado para que los niños lleguen. Y curiosamente es una novela en la que solo hay adultos, aunque alguna referencia a niños hay, esto ayuda mucho a esa sensación agobiante de las novelas distópicas, una sociedad distinta en la que posiblemente a nadie nos gustaría vivir, con clases muy establecidas y en las que es imposible cambiar tu situación predeterminada. Comandantes, esposas, criadas, tías, guardianes… protección o exilio. ¿A nadie nos gustaría? Como también comenta la autora Una de mis normas consistía en no incluir en el libro ningún suceso que no hubiera ocurrido ya… y la historia ¿no está condenada a repetirse? No estamos tan lejos de lo que aquí nos cuentan, ¿a qué no estamos dispuestos por algunos deseos? Con solo cambiar la forma de llamarlo…
Una novela con un ritmo lento, fundamental para la historia que cuenta, una novela escrita en los años 80 que no ha perdido nada de su actualidad, al contrario cada vez va siendo más cercana, que deja frentes abiertos y que debería hacernos reflexionar.