
Vuelve Hércules Poirot de la
mano de Sophie Hannah. Es muy extraño acompañar a Poirot y que Agatha Christie
no esté también con nosotros, y sin embargo está. Es imposible no pensar si
esto o aquello ella lo hubiera contado de forma diferente, si este a aquel
personaje hubiera hecho cosas distintas, si nos hubiera contado el desenlace
con más o menos detalle… Tengo que reconocer, que aún pensado en todo ello, he
disfrutado mucho de la novela y creo que no hubiera sido capaz de descubrir a
una autora distinta si el libro hubiera llegado a mis manos en una edición de
la Editorial Molino sin el nombre de la autora. Eso sí, el desenlace no termina
de quedar tan claro como en otras ocasiones, algo que como lectora siempre me
ha gustado, un cierto orden en la novela por muchas sorpresas que depare.
Con este libro
participo en el mes temático de la novela negra organizado por Laky de Libros
que hay que leer. Una forma fantástica de empezar el año de lecturas y de
rescatar de la estantería este libro que llevaba bastante tiempo esperando.
Los Crímenes del
Monograma nos trae el asesinato simultáneo de 3 personas en 3 habitaciones
distintas de un mismo hotel, el Bloxham. Ambientado en una época en la que las
pruebas de AdN, huellas dactilares y otros tantos adelantos para descubrir al
culpable ni se sospechaban. Sin embargo, si que está esa materia gris de
Hércules Poirot, de incalculable valor, capaz de ir enlazando hasta el más
mínimo detalle sin dar nada por supuesto. Poirot acompañado esta vez por Catchpool,
la contrapartida perfecta, será él el que nos cuente la historia y el que hará
que Scotland Yard esté presente en este asesinato. Y la importancia de
escuchar a los protagonistas, difícil mantener una mentira si se da tiempo
suficiente para hablar. Un libro que transmite calma, no hay prisa, poco a poco
las piezas irán encajando. Historias del pasado que condicionan el presente,
vidas que se entrecruzan y que años después permiten tomar decisiones sobre los
mismos hechos. Hechos que se viven de forma tan distinta y que, sin embargo, nos
hacen confiar en iguales sentimientos ante la misma situación.
Siempre me ha
llamado la atención como los testigos son capaces de recordar los detalles más
nimios por mucho tiempo que pase, aquí se juega con ello, pero también con la
forma de interpretar ese detalle que un testigo recuerda o que nosotros mismos
vemos, tan distinta según quien escuche la historia o la que tenga a sus
espaldas.
Ya estoy muerta, ¿lo entiende? O lo estaré muy pronto. No puedo esconderme eternamente…» Hércules Poirot no ha podido ayudar a la asustada muchacha que ha conocido en un café de Londres, pero pronto sabe que su caso está relacionado con la extraña muerte de tres personas en un hotel de la ciudad, en una habitación cerrada, con un gemelo grabado con un monograma en la boca de cada cadáver.



