Vuelvo a Lola López Mondéjar con el club Escuela
de Mandarines. Una novela que nos trae una imagen de la Lolita de Nabokov
muy distinta a la que hizo famosa Kubrick. Lola convierte a Dolores, la hija de
Lolita, en la narradora y protagonista de este libro, quizás, de memorias. Las
memorias de Dolores, la hija de Lolita, que no conoció a su madre, ya que ésta
falleció en el parto. Las memorias de Lolita en los recuerdos, los diarios, que
llegaron a manos de Dolores, al cumplir los veinte años, en una sombrerera. Los
recuerdos de una vida ahora que llega el final, recuerdos de una madre transformada
en un mito que condiciona un futuro. Un mito que se aleja tanto de la realidad.
Dolores con 57 años y una vida dedicada a rescatar la imagen de su madre.
Dolores, una joven que descubre en la novela de Nabokov a la madre que nunca
conoció.
He disfrutado mucho
con esta lectura, esta visión distinta de una historia aparentemente conocida
por todos. Jugar con una ficción que se hace realidad, transformar lo que hemos
asimilado durante años en la idea original. Somos fácilmente manipulables, es
fácil quedarnos solo con lo que más nos interesa de un asunto conflictivo. Me
ha gustado mucho el enfoque ya que nos presenta a unos personajes que dan a esa
Lolita de Nabokov una nueva imagen, a todas las Lolitas que llegaron después, que
dejan sobre el papel lo que no está en el imaginario colectivo actualmente. No
el glamour en el que se transformó, no el mito, si a la persona que pudo haber sido
este personaje.
Un juego literario
que se convierte en la denuncia de un mito, una denuncia de una realidad
social.

