Un libro que se lee en un suspiro, empieza con las cartas de un notario, las cartas que escribe a una mujer interesada en un libro que él publicó cuando era joven. Un libro sobre Renoir, sobre dos frescos en la iglesia de un pequeño pueblo de Italia. Las cartas de ella no las tenemos, pero podemos ir imaginando su contenido por las contestaciones de él. Una relación que comienza por el interés de una lectora sobre la historia de un libro encontrado en un puesto de libros de segunda mano en Turín. La relación se va estrechando con la excusa de Renoir, de descubrir donde estuvo, de alguna de las historias que se cuentan sobre el pintor sobre su estancia en Sicilia, de los cuadros que habría pintado entonces. Y las cartas cesan y Michele Riotta desaparece y es su sobrino, el que nos relata los hechos de los últimos días. Cambiamos de protagonista y cambiamos de registro, un giro en el relato que creo que ayuda mucho al interés en la obra. Las cartas nos dejaban leer entre líneas pero ahora, con este nuevo punto de vista, entrarán más aspectos en juego que enriquecerán la historia. Y nos queda una tercera parte, una, el padre de Montalbano nos dará unas pinceladas de novela policiaca.
Una historia con la que conoceremos un poco más a Renoir y su obra, aunque siempre nos quedará la duda ¿ficción? ¿realidad?.
No había leído nada de este autor pero creo que habrá muchas otras lecturas, y, como no podrá ser de otra forma, llegaré a la serie donde Montalbano es el protagonista. Así me pasó con Donna Leon y su policía más famoso: Brunetti.
Y aquí una entrevista reciente al autor en Página Dos, aunque no habla de esta obra.
