Acabamos el trimestre
en el club Te leeré miércoles con la finalista del Premio Mandarache
2017. La falta de un ser querido que nos lleva a recordar el pasado, a recordar
el presente ahora distinto, a hablar con ese ser querido como si todavía
estuviera aquí. Está aquí todavía, está en lo que hay de él en nosotros.
La conversación de
Blanca con su madre durante los días posteriores al entierro, los días en los
que hay que ir reordenando todo, los días en los que hay que aprender a vivir
de nuevo. Hablando del pasado, enlazando aquellos detalles a los que nunca se
les dio importancia y que ahora la cobran de una forma inesperada. Un dejarse
acompañar por los vivos en ese entorno en el que cabe tan poca gente. La
familia, los amigos que aparecen ahora de forma distinta. Un entorno bastante estrafalario,
tanto como el que no es el nuestro, que acompaña a Blanca a Cadaqués en esos primeros
días. Cadaqués tan importante en la vida de todos. Y descubrir a la madre, la
madre que tan presente estaba en su vida aún cuando no estaba, que tantas cosas
le enseñó, tantas cosas que tuvo que aprender. Una madre que hizo lo que le dio
la gana, que asumía las consecuencias, que no se culpabilizaba de nada. Esas
vivencias tan personales, ese día a día que es tan poco llamativo para muchos
que va colocando todo en su sitio, ese día a día que tan insólito es en la vida
de Blanca.
Una historia muy vitalista,
cómoda de leer, que imaginaba más trascendente o quizás así es la trascendencia,
ese día a día acorde con cada uno, con cada uno que fue, con cada uno que es.
