domingo, 6 de junio de 2021

Estupor y temblores – Amélie Nothomb

Vuelve Amélie Nothomb a mis lecturas, en esta ocasión al club Escuela de Mandarines, vuelve con una de sus novelas autobiográficas.

Amélie nos introduce en el mundo laboral japonés. Un entorno que choca drásticamente con la cultura occidental. Es el primer trabajo de Amélie, occidental y mujer, en una empresa donde todo está perfectamente establecido, una gran empresa donde la contratan de intérprete. Ella es occidental, pero conoce la cultura japonesa, ha vivido allí debido al trabajo de diplomático de su padre, quiere integrarse como una japonesa más. Hay unas normas, hay normas incluso para cuando alguien se salta las normas. Amélie nos cuenta las dificultades que encontró en este trabajo donde su forma de ser no encajaba con la cultura laboral japonesa. Occidental y mujer y hablando japonés supone un problema en las reuniones de negocios japonesas. Un trabajo que, sin embargo, mantiene aunque no puede desarrollar. De intérprete a contable, de contable a repartidora del correo, a gestora de calendarios, de contable a chica de los lavabos masculinos. Trabajos que le asignan, aunque ya estén cubierto por otros, trabajos que en ocasiones se asigna ella misma, aunque ya estén cubierto por otros.

Como lector occidental nos choca esa situación que Amélie vive durante este tiempo, un trabajo que ella no es capaz de desarrollar, una empresa, una cultura, que penaliza a los empleados que tienen iniciativa. Nos llama la atención la jerarquía tan rígida, nos llama la atención las normas sociales que hay que cumplir. Y mientras Amélie nos sorprende transformando lo que hoy se definiría como mobbing, como acoso laboral, en crecimiento personal y en un libro. Una historia curiosa difícil de creer, donde la realidad supera a la ficción. Amena y divertida a la vez que amarga.

Estupor y temblores, Gran Premio de la Academia Francesa y Premio Internet, otorgado por los lectores internautas, así es como el emperador del Sol Naciente exigía que sus súbditos se presentaran ante él.

De la misma autora en el blog:

domingo, 23 de mayo de 2021

Los ingratos– Pedro Simón

Una muy acertada recomendación de una amiga me ha llevado al Premio Primavera de este 2021.

Un niño de los años 70 nos cuenta los años que pasó en un pueblo, del que no conocemos el nombre. David nos cuenta sus peripecias en este pueblo, un forastero hijo de la maestra, con un padre que trabaja en la capital y que solo viene los fines de semana, que solo envía una postal desde sitios lejanos otras veces, con dos hermanas mayores que quedan en segundo plano. Lo acompañamos en sus descubrimientos sobre la vida, en la relación de sus padres que la distancia dificulta, en sus tardes interminables con los amigos donde todo era posible y donde, a su vez, los límites estaban claros: los almendros. Unos años 70 que llevan a este niño a descubrir la amistad, a ampliar su círculo familiar, tan importante en esa infancia que tan rápido y tan lenta pasa, unos años 70 donde todo llega a ser posible, esos años 70 donde las dificultades siguen siendo muchas.

David nos cuenta la relación con Emérita, una señora del pueblo que llega a cubrir el espacio de una madre desbordada por el trabajo en la escuela y en la casa, una señora sorda que cuida de él y de la casa familiar, pero sobre todo de él, de Currete como ella lo llama, Currete que a su vez cuida de esta señora grande, grande de cuerpo y de corazón. Una señora que se convierte en su segunda madre, una señora con la que entabla una relación de cariño difícil de imaginar para ambos, el hueco de un padre ausente, el hueco de un hijo que falleció.

Una novela que nos habla también de esa adolescencia posterior, donde la familia se ha mudado a la capital, la adolescencia, donde sin necesidad de kilómetros, nos alejamos del mundo infantil, donde queremos romper con todo, esa edad que nos hace olvidarnos de aquellos que lo fueron todo y también llega esa madurez, la que nos lleva a reencontrarnos con aquello que llegamos a creer que no era importante, aquello que podemos haber perdido para siempre.

La infancia, muy presente en mis recientes lecturas: El lector de Julio Verne de Almudena Grandes, El miedo de los niños de Antonio Muñoz Molina, La niña que iba a la escuela en hipopótamo de Yoko Owaga.

Esa infancia que tan importante es en la vida de todos y que tanto condiciona lo que luego somos, esa infancia donde los días son tan largos, esa infancia que parece discurrir lentamente, la infancia que vuelve cuando llegan los lugares comunes. En definitiva, una novela entrañable que nos habla de lo que nos hace diferentes, de lo que nos hace iguales. Una novela que nos habla de una época ya desaparecida, una época en la que se viajaba sin cinturón, una época de tardes interminables y en la que se jugaba sin la vigilancia directa de los mayores.